La algarabía por las finanzas

Por: Henry Hank Chinaski.

Me acuerdo que en una clase de macroeconomía, el profesor nos contaba que gran parte de los estudiantes de doctorado de economía –es decir, gente que se había perfilado hacia una carrera académica-, terminaban trabajando para el sector financiero. Simplemente los otros trabajos no podían competir con los salarios que las finanzas corporativas ofrecen.

El sistema financiero representa la reminiscencia del sueño americano: si te esforzás lo suficiente, podés llegar a donde vos quieras. La historia que te venden es más o menos la siguiente. El proceso empieza en la secundaria. No basta con ser el #1 de la clase (lo que en Estados Unidos se conoce como Valedictorian), también hay que tener un cúmulo de actividades extracurriculares: ser el presidente del club de debate, el capitán del equipo de fútbol americano y voluntario en un refugio de animales.

Con esas credenciales tenés asegurada la entrada una de las universidades élite de Estados Unidos, como lo son las Ivy League. El paso por la universidad es crucial: es necesario elegir una carrera lo suficientemente fácil para tener buenas notas (GPA), y lo suficientemente difícil para que los futuros empleadores la tomen en serio. Además de tener buenas calificaciones, hay otros dos aspectos importantes. Primero, las pasantías. Las vacaciones de verano se usan para conseguir un trabajo temporal rentado, idealmente en un banco. Segundo, los contactos. A lo largo de toda la carrera es clave hacer networking con exalumnos de la misma universidad y gente que ya esté dentro del sistema.

Una vez recibido, el paso siguiente es ir a trabajar a un banco de inversión como analista. En el mejor de los mundos, a uno de los grandes bancos: Goldman Sachs, JP Morgan, etc., aunque tampoco está mal empezar en un banco regional más chico. Se arranca ganando de salario base entre 50 y 60 mil dólares por año. A esa base hay que sumarle la bonificación anual por desempeño que es de entre 40 y 60 mil dólares. A esto hay que sumarle una bonificación por firmar con la empresa (unos 10 mil) y otra más por relocalización o mudanza (otros 10 mil). En definitiva, empezás cobrando unos 130 mil dólares por año. Nada mal para un pibe de 23 años.

Las horas de trabajo son duras. Son jornadas de 100 horas semanales y se trabajan los fines de semana. La empresa te da un Blackberry al cual estás pegado en cada momento. Estás constantemente en guardia para cualquier cosa que se presente. En cada transacción se manejan millones de dólares, y de esos millones dependen las bonificaciones. Como los clientes (grandes empresas que van a hacer una fusión o están pensando en salir a la bolsa) pagan tanto dinero por los servicios del banco, son los dueños absolutos de tu tiempo y energía. Si no te gusta, la puerta es grande y hay mil pibes esperando la oportunidad. El trabajo básico como analista es asistir a los directores, e incluye tareas como preparar informes sobre compañías, hacer modelos para valuar las empresas, preparar las presentaciones y corregirlas muchas, muchas, veces.

La política laboral de las grandes empresas es arriba o afuera (“up or out”), lo que quiere decir que estás en constante ascenso o te echan. Dos años después de analista podés ascender a “asociado”, después a “vice-presidente”, “director”, “director general” y finalmente “socio”. Cada ascenso implica nuevas tareas distintas, cada vez menos técnicas y más orientadas a conseguir clientes, con su consecuente aumento de salario –basado en las comisiones-.

Después de un par de años de experiencia, se tiene la opción de “ascender de rubro”. Con dos años en la banca de inversión estás en condiciones para moverte a un Fono de Capital Privado (Private Equity) o a un Fondo de Cobertura (Hedge Fund). Las horas y la paga son mejores, pero la cantidad de puestos disponibles es mucho menor. Una tercera alternativa, también bastante popular, es hacer un MBA (Master of Business Administration) en una escuela de negocios top (Harvard Business School, Stanford, Wharton). Esto te da acceso a una red de contactos aun mayor y te permite escalar a un puesto más gerencial.

Ojo, el sector financiero es mucho más que los bancos de inversión, el capital privado y los fondos de cobertura. También podés hacer una carrera en Trading y estar pegado todo el día a ocho monitores comprando y vendiendo activos financieros (bonos, commodities, acciones, etc.); trabajar en un Fondo Capital de Riesgo (Venture Capital) y tratar de comprar el próximo Facebook o Twitter en sus etapas iniciales; dedicarte a la consultoría de gestión en alguna de las top 3 (McKinsey, Bain o Boston Consulting Group) o quizás hasta crear tu propio start up en Sillicon Valley.

Todos los caminos anteriores prometen el mismo sueño de ser millonario antes de los 30, comprar una isla en Barbados y retirarte. En fin -como diría Kurt Cobain- cada quien se destruye a su manera…

Este artículo apareció primero acá.

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