Salvajearas tu melena

Siempre me corté el pelo a la vuelta de mi casa, me llevaba mi viejo y nos cortaban el pelo. El lugar era muy tradicional, en las paredes tenia fotos amarillentas de cortes que fueron modernos hace 2 décadas.

De repente sentí que tenía que cambiar de peluquería, probé con un montón de lugares, pero todos me hacían el mismo corte.
A pesar de que todo el mundo pensaba que iba siempre a la misma peluquería, probé cortándome en un montón, siempre igual, el mismo corte.
Hasta que un día caí en corte salvaje (si, así se llama la peluquería, tiene un nombre agresivo, son como los talibanes de los corte de pelo).
Había escuchado de alguien que se cortó ahí, que le había quedado copado, que eran re profesionales. Me contaban, que la mina tiene tatuada una tijera en el brazo, que es re apasionada… me contaban que tomaban birra mientras te cortaban, cada vez que me contaban cosas se transformaban en mis hippies preferidos.
Averigüpe y me fui a cortar. Lo primero que pedí es que no me pasen maquina, la mina me miró como intrigada. Me dijo “Mirá a los costados” y ella, el otro peluquero, el chico que se estaba cortando el pelo al lado mío y el tipo con la compu que creo era el que te cobraba (y de paso se hacía el DJ) todos tenían el pelo rapado.
La peluquera destilaba e irradiaba buena onda, era un mar de simpatía, me quería convencer de cortarme así.
“Cuando el peluquero y el que se corta se conectan yo me siento feliz”.
– Tenés el pelo muy regular. -Haciendo hincapié en que tenia el pelo muy aburrido.
“Primero te vas a ver al espejo y no te va a convencer, pero eso es al principio, después, vas a verte y va gustarte más cada día”.
– ¿Qué opina tu amigo?. – Y lo señala a mi amigo que estaba lo más pancho sentado en un sillón muy freak.
– Ya fue, el pelo crece. – Dice él.
– Ves, tenés que hacerle caso. El pelo crece es nuestro primer mandamiento salvaje.
Parece que el sentido de esa peluquería es sentarte y que el peluquero decida. Eso mismo hizo mi amigo. Se sentó y dijo “haceme lo que sea” y el peluquero le contesta “Ok, mira que te paso maquina a full” y a pesar de que me estaban cortando el pelo y no podía mover la cabeza nos vimos con una mirada cómplice.
La onda del lugar era lo más, la música estaba muy buena, el espejo estaba rodeado de lamparitas como si fuera Hollywood, pero no lo era, el espejo tenía dos pilas de libros que lo sostenían. Había colas de caballo de mujeres muy arriesgadas que se hicieron el corte salvaje. Ni hablar del sillón, con piel de vaca tenía un respaldo súper alto, pero cuando te sentabas te hundías.
Mientras nos cortaban el pelo, los peluqueros tomaban cerveza y atrás nuestro había gente tocando la guitarra.
– ¿Vos te peinas los rulos?. – Me dice.
– No, nunca.
– ¿Cómo que no?. Parece que tenés un bucle. Otro de nuestros mandamientos es “No peinaras tu rulos”.
Parecía que no era joda lo de los mandamientos y se puso a hablar de los peinados salvajes.
– Acá viene la gente y nos pide cortes de los famosos de la tele, no va. ¿Cómo se llama esa chica que nos piden siempre su corte?. – Pregunta el otro peluquero.
– Sabrina Garciarena. Insoportable, esa y los pedidos de su corte y el de Calu Rivero nos tienen hartos.

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